Por Ana von Rebeur

¿Por qué hay tanta gente a la que no le alcanza la plata? Porque no les gusta tanto el dinero: así de simple es la cosa.

Si te gustan los zapatos,  se te llena el placard de zapatos… ¿o no? A la que le enloquece el chocolate se le llena el cajón de chocolates. Y a la que no se le llena la billetera de plata…es porque no le gusta la plata.

¿Y por qué pasa esto? Porque la mayoría de las mujeres piensan “ya tengo suficiente plata para el resto de mi vida…a menos que compre algo, claro “. Otras dicen “Yo tengo un muy buen sueldo. Lástima que cuando se me termina, todavía me sobra mucho mes.”

El secreto para tener dinero es simple: gastar menos de los que se gana y saber que si cuidás las monedas, los billetes se cuidan solos. Los gastos pequeños te hacen gastar más que los grandes.

Pero hay otro secreto de oro para tener plata, que es hacer como que no tenés ni un centavo (aunque lo tengas) así no gastás en nada (aunque puedas). No compres comida afuera, no gastes en trivialidades, tratá de no hacer nada en el tiempo libre que no puedas vender y no compres cosas caras que no puedas mantener o venderle a otros.

Hay muchos gastos inútiles que amenazan tu presupuesto: ¿Realmente necesitás esa cartera nueva, que encima no te pega con nada? ¿Necesitás ese novio nuevo, que tampoco te pega con nada? (¡Los novios son un gastadero de plata en regalitos!) ¿Necesitás pagar el viaje al trabajo y la cuota del gimnasio? ¿Por qué mejor no vas al trabajo en bici y te ahorrás al mismo tiempo el transporte y el spinning  del gimnasio? ¿Necesitás ir sí o sí a la peluquería , o podés teñirte el pelo vos misma y lucir con dignidad un interesante y único color remolacha, feliz de haberte ahorrado plata para la peluca? ¿Necesitás comprar ese auto, o podés seguir viajando en colectivo que te da la doble ventaja de viajar acompañada y con chofer propio?

Los millonarios aconsejan: “Invertí en ladrillos, no en zapatos”. Por eso, antes de comprarte algo por impulso, dejá pasar 48 horas. Si pasaste dos días sin dormir pensando en esos zapatos divinos  ¡bueno, compralos, y quedate sin plata, si querés!. Pero si te diste cuenta de que podés vivir sin ellos, usá la plata que pensabas invertir en esos zapatos en comprar unos  veinte ladrillos para tu futura casa propia. Con que te tientes con zapatos lindos doscientas  veces por año, ya tendrás un par de pared entera asegurada de tu vivienda proyectada.

No cuentes con tus ahorros: hacé como que no existen, para que duren. Enterralos en el jardín y encadená un Doberman furioso cerca del lugar del tesoro, para que no te tientes con gastar esa plata en zapatos que se pasan de moda. Así, vas a seguir pidiendo plata prestada hasta cuando seas millonaria, lo que logrará que tus ahorros aumenten y tus amistades disminuyan día a día. Pero… ¿quién quiere amigos, siendo millonaria?

Ponete una meta que te ayude a ahorrar, por ejemplo: “De acá a dos años quiero viajar a Europa”. Si no llegaste a cumplir la meta, al menos tendrás el dinero y vas a poder comprarte esos zapatos horrendos al fin. (Pero mejor no los compres, porque ya pasaron de moda) Lo ideal es NO TOCAR LA PLATA GUARDADA,  sea cuanta sea. ¡Así, muy pronto te vas a asombrar de cuán poca plata juntaste!.

Nunca te preguntes “¿me dedico a ganar plata con esto…o con lo otro?”…¡Pensá que podés hacer plata con una cosa y con la otra! ¿Por qué no con ambas a la vez?. Hoy en día un solo sueldo no alcanza para nada, así que andá pensando en hacer dos cosas al mismo tiempo, como ser recepcionista y vender empanadas a los pacientes del consultorio odontológico donde trabajás o ser baby sitter y telemarketer al mismo tiempo…¡y echarle la culpa a los chicos que cuidás, por hacer llamadas ofreciendo delivery de sushi!

Como vemos, ganar dinero es simple y divertido: basta con que te importe más tener plata que estar vestida a la moda, comer rico, quedar bien con la gente y darte el gusto en todos tus caprichos. Sólo se trata de posponer gratificaciones, o de cambiar gratificaciones caras (ir a un show de rock y cenar en un restó top) por gratificaciones gratuitas (mirar la luna llena en una plaza tomando agua de un bebedero). Pensalo así: en la plaza no hay mozos que atiendan mal… ¡y el agua no engorda!

 

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